Jueves, 11 Julio 2013 08:32

Cuando los músicos se negaron a grabar

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En el tórrido verano de 1942 en el que Estados Unidos acababa de entrar en la II Guerra Mundial, tras el ataque nipón a Pearl Harbor meses atrás, otra pequeña guerra hizo su aparición y, esta vez, no el los campos de batalla de Europa y Asia sino en la también combativa industria del entretenimiento.

Cuando James Petrillo, Presidente de la Federación Americana de Músicos (AFM), amenazó con prohibir a sus asociados la grabación de cualquier material musical, rompiendo las relaciones con las compañías discográficas, poco tomaron en serio al sindicalista que años atrás ya instigó una huelga similar en su Chicago natal.

Pero lo cierto es que el 1 de agosto de 1942 comenzó una de las huelgas más longevas en la industria discográfica que impidió a los amantes de la música disponer de nuevo material durante más de dos años, con algunas excepciones como la grabación de piezas para ser enviadas a las tropas que combatían en el frente o las realizadas por cantantes solistas sin acompañamiento instrumental.

El motivo principal del paro tenía que ver con los royalties que los músicos debían cobrar por cada una de sus grabaciones y que, a juicio del sindicato, era notablemente injusto en una industria dominada por las grandes discográficas como RCA Victor o Columbia que imponían su ley acerca de lo que podían o no cobrar sus músicos.

Pese a la oposición de la opinión pública, prensa e, incluso, el propio gobierno con Roosevelt a la cabeza, Petrillo, que encabezó el sindicato hasta 1958, mantuvo un pulso firme con la industria que ocasionó no pocas consecuencias tanto económicas como en la evolución de los gustos musicales del público. De este modo, el auge de las Big Bands en los 30 y principios de los 40, decayó de tal manera, al no poder enviar material nuevo a las estaciones de radio, que pronto aparecieron nuevas alternativas que el público acogió de manera entusiasta. Emergieron los vocalistas, que hasta entonces habían tenido un papel accesorio en las grandes bandas, y, gracias a que se les permitió grabar sus composiciones, aunque sin el apoyo instrumental, adquirieron una notable popularidad y protagonismo. Los grandes beneficiados de la huelga, en el sentido artístico, fueron los Frank Sinatra, Perry Como o Bing Crosby que arrasaron en las listas de éxito.

Otro estilo que salió malparado fue el naciente bebop, corriente del jazz con Dizzy Gillespie o Charlie Parker a la cabeza, que comenzaba a imponerse a comienzos de la década y que al serle negada la grabación de material, se vio alejado del gran público, siempre demandante de nuevas piezas y, desde ese momento, empujado a los pequeños clubes y a una audiencia más reducida, con aire de intelectual.

Por fin, en noviembre de 1944, tras un largo periodo de negociaciones y acuerdos en cadena, comenzando con las pequeñas compañías independientes hasta llegar a las grandes, Petrillo y la industria firmaron una paz frágil y acordaron un reparto más justo de los beneficios que generaba la producción musical.

Extracto del caso “Cuando los músicos se negaron a grabar” que forma parte del Programa Superior en Negociación Estratégica e Internacional organizado por La Salle IGS y The N Club.

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Ignacio Martínez Mayoral

Editor en The Negotiation Club y facilitador en divergentia::la oportunidad en la diferencia

www.divergentia.es

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