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Domingo, 26 Octubre 2014 00:00

Mi jefe es un narcisista (o eso dicen)

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Dr. Strangelove Dr. Strangelove

¿Quien no ha leído o escuchado alguna vez una de esas secciones en las que otros lectores u oyentes se sinceran ante la audiencia con la esperanza de obtener consuelo y consejo acerca de éste o aquel problema sentimental que les quita el sueño? No me digan que alguna vez no se han sentido inspirados para ejercer de consultor y elucubrar una respuesta basada en su vasta experiencia. Yo si.

Actualmente, me encuentro desconcertada por lo que me está pasando en el trabajo. Hace poco, se incorporó mi nuevo jefe y he de decir de que a pesar de que las primeras semanas fueron esperanzadoras en lo últimos tiempos la situación se ha vuelto insostenible. Algunos compañeros me han dicho que tiene una personalidad narcisista y de ahí vienen todos los problemas. Yo no estoy seguro. ¿Cómo podría asegurarme? Atentamente, su más rendido admirador.

Querida amiga o amigo (como verán emplearé aleatoriamente el género para no aburrir con el molesto o/a o el cursi @):

No cabe duda que convivir con un narcisista en el lugar de trabajo (o en cualquier otro sitio) puede ser una bomba siempre a punto de estallar. Pero como diría el prototípico Dr. StrangeLove debemos aprender a no preocuparnos innecesariamente y a amar la bomba (aunque creo que él se refería a otro tipo de artefacto). Y para no preocuparnos lo mejor es tener el conocimiento necesario para identificar al sujeto que catalogamos como narcisista.

Y aquí viene una buena noticia. Raramente nos encontraremos en nuestra vida con un narcisista en el patológico sentido del término. No es, en absoluto, habitual toparse con individuos que manifiestan este trastorno de la personalidad aunque si podemos reconocer en la vida pública algunos ejemplos. En ese sentido yo de usted, querido admirador, no me preocuparía en exceso por las posibilidades de que su jefe sufra este desorden.

Sin embargo, la mala noticia es que vivimos rodeados de narcisistas. Y no es que me contradiga, nunca lo hago, es que aplicamos el adjetivo narcisista para referirnos a aquellas personas que muestran rasgos similares, en mayor o menor medida, a los diagnosticados como tales: un perfil de grandiosidad, ego hiperinflado, dominante en las relaciones, agresivo en las formas, carente de empatía...

El narcisista, le llamaremos así para simplificar a todo aquel situado en el trecho que va desde una personalidad “normal” a otra patológica, se ve a sí mismo como más inteligente, más alto, más guapa, más simpático que los demás lo que les lleva a conducirse por el mundo con una confianza que raya en el exceso, exagerando sus capacidades y expectativas.

Y ese autoensalzamiento cuando eres jefe se convierte en un problema. Sobre todo para tus subordinados.

Al igual que los seguidores de Maquiavelo o los de Norman Bates, la otra pareja que conforma la llamada “triada oscura” de la personalidad, los narcisistas se aprovechan de su indudable encanto y apariencia para lograr éxitos en el corto plazo. Suelen ser los mejores en las entrevistas de trabajo cuando hay que seducir al entrevistador, se lucen en los encuentros de networking, trasladan una magnífica primera impresión ante grupos de desconocidos o son el centro de atención en las reuniones sociales. No es extraño, de hecho es habitual, encontrar personalidades narcisistas ocupando puestos de alta dirección dada su necesidad de poder y prestigio.

¿Es el narcisista un buen líder?

En primer lugar, deberíamos definir qué se entiende por líder. Tarea ardua dadas las toneladas de papel malgastadas en la literatura del management para tratar de encuadrar una ajustada definición del término. Ni los más reputados gurús, algunos ejemplos vivos del narcisista, se ponen de acuerdo. Podríamos escoger aleatoriamente una definición y nos valdría. Por ejemplo, "líder es aquel que conduce un proceso de influencia social, maximizando los esfuerzos de otros, hacia la consecución de un objetivo". 

Según esta definición un narcisista podría ser un buen líder, siempre y cuando los objetivos se planteen en el corto plazo y éstos coincidan con sus propios intereses. No olvidemos que al narcisista sólo le motiva lo que tenga que ver consigo mismo.

Pero es en el largo plazo y, sobre todo, en su interacción con los demás donde el narcisista encuentra la horma de su zapato. Su desconfianza y desdén hacia los demás, a los que suele ver como herramienta para lograr sus fines, provoca no pocos conflictos interpersonales. Al narcisista le resulta difícil mantener relaciones estables, equilibradas y respetuosas tanto en lo personal como en lo profesional. Así vemos cómo, al menor contratiempo o cuando ha caído en el aburrimiento, no duda en volar hacia otras relaciones o puestos de trabajo (en los que volverá a cometer los mismos errores, dada su incapacidad de aprender de los mismos).

El narcisista en la mesa de negociación

Aunque es un campo por desarrollar, la investigación sobre el comportamiento del narcisista a la hora de negociar nos arroja interesantes ideas, corroboradas por la experiencia. Así, vemos cómo el narcisista tiende a una negociación antagónica con un mantenimiento de la posición intransigente en vez de optar por compartir información y decantarse por la colaboración, mostrando poca empatía por los intereses de la otra parte. No es amigo, sin embargo, del uso de tácticas duras como la amenaza. El narcisista es más sutil. Se decanta por utilizar su apariencia y seducción para influir en las decisiones del adversario.

Así pues, antes de dictaminar un diagnóstico le aconsejo, mi amado lector, que compruebe si su jefe cumple con varios de estos requerimientos para catalogarle de narcisista. Y si lo es no se preocupe ya que es muy probable que en poco tiempo desaparezca de su vida.

Eso si, cuídese para que la metralla que despedirá en su partida no le alcance de lleno.

 

Para saber más:
Campbell, W. K., Hoffman, B. J., Campbell, S., & Marchisio, G. (2011). Narcissism in organizational contexts. Human Resource Management Review,21, 268-284. 
Brian J. Hoffman, Sarah E. Strang, Karl W. Kuhnert, W. Keith Campbell, Colby L. Kennedy and Alexander C. LoPilato (2013). Leader Narcissism and Ethical Context: Effects on Ethical Leadership and Leader Effectiveness. Journal of Leadership & Organizational Studies 
Spain, S. M., Harms, P. and LeBreton, J. M. (2014), The dark side of personality at work. J. Organiz. Behav., 35: S41–S60. doi: 10.1002/job.1894.

Leer 5432 veces Modificado por última vez en Domingo, 26 Octubre 2014 19:10
Ignacio Martinez Mayoral

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Responsable de The Negotiation Club.
Facilitador, formador, mediador.

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