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Miércoles, 14 Octubre 2015 09:38

Música para camaleones

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En cierta manera, los seres humanos somos como aquellos camaleones que dan título al relato de Truman Capote que se agrupan para deleitarse con la melodía interpretada al piano por la caribeña dama protagonista de la historia. Igual que los camaleones, los seres humanos utilizamos de forma inconsciente la habilidad de mimetizarnos en la tarea de comprender las emociones e intenciones de nuestros semejantes y, en lo que se refiere a la negociación, obtener acuerdos más valiosos y duraderos.

Ciertamente que, en la comparación entre camaleones y seres humanos, la capacidad mimética se utiliza de diferente modo. Mientras que los camaleones, y otros muchos seres vivos, imitan su entorno cromático con el objetivo de pasar inadvertidos y sorprender a su presa o para no ser sorprendidos por un depredador, los seres humanos imitamos a nuestros semejantes para establecer una conexión social que nos permita entender, sentir y comunicar.

Le propongo un juego. Trate de observar discretamente una animada conversación que mantengan dos personas de su entorno, sin que sea necesaria su intervención. En su función de observador intente identificar si hay algún gesto, postura o expresión verbal que los interlocutores compartan. Es posible que detecte que algunos gestos, el movimiento de las manos, la expresión facial o el uso de alguna palabra o frase se sincronizan en ambas personas sin que ellos mismos lo adviertan.

Desde que en 1999 Chartrand y Bargh describieron el llamado “efecto camaleón” como esa tendencia inconsciente a adoptar las posturas, gestos y maneras de aquellos con los que establecemos una interacción social, se ha tratado de hallar una explicación convincente a este comportamiento.  Por un lado, al igual que en el caso de los camaleones, la capacidad mimética parece que juega un importante papel en la evolución humana, al ayudarnos en el proceso de comunicación y, gracias a ello, adquiere un valor primordial en la supervivencia. Pero, por otro, la función social de la imitación inconsciente parece reclamar un puesto destacado en la explicación.

Es ampliamente compartido por la comunidad científica, en base a las evidencias empíricas, que la conducta mimética inconsciente incrementa la afiliación entre las personas. Por ejemplo, diferentes investigadores advierten entre las parejas románticas una correlación entre la compenetración y la cantidad de imitación que se da en sus interacciones. Y esa imitación puede ir más allá como probaron Chartrand y Bargh que señalaron que las parejas tienden a parecerse físicamente más después de un cuarto de siglo de vida en común que al principio de su relación. Incluso, a mayor felicidad en la pareja, mayor similitud facial. Aunque pueda parecer sorprendente, en realidad no lo es, como nos advierte Marco Iacoboni. Amar, compartir y vivir juntos hace a un cónyuge algo así como un segundo yo.

En definitiva, lo que descubrieron Chartrand y Bargh es una intensa correlación entre el grado de comportamiento imitativo que exhibían los participantes de sus experimentos y su tendencia a sentir empatía; a mayor imitación, más preocupación por los sentimientos de los demás y, por consiguiente, mayor empatía.

Iacoboni relaciona estas conclusiones con el papel vital en los procesos de interacción humana de las neuronas espejo, esas células cerebrales que Ramachandram acuñó como la fuerza motora detrás del “gran salto hacia delante” en la evolución humana y que explicaría por qué se produce la empatía, el aprendizaje por imitación e incluso la evolución del lenguaje.

Como señala Iacoboni en su libro Las Neuronas Espejo imitar a otros no es sólo una forma de comunicación no verbal; antes que nada, nos ayuda a percibir las expresiones de los otros (y, por lo tanto, sus emociones) y en ese campo las neuronas espejo adquieren un protagonismo esencial al activarse cuando vemos a los demás expresar sus emociones a través de gestos, tal como si nosotros estuviéramos haciendo las expresiones faciales que vemos. Mediante esta activación, las neuronas envían señales a los centros cerebrales de la emoción que se encuentran en el sistema límbico para hacernos sentir lo mismo que los otros.

Desde un punto de vista emocional, la conducta imitativa nos hace ser más empáticos, nos ayuda a comprender los sentimientos de los demás y, en consecuencia, nos permite actuar consecuentemente.

Pero también en aquellas situaciones en las que la empatía cognitiva, observar una situación desde la perspectiva de los demás, el comportamiento imitativo tiene su importancia. Por ejemplo, cuando negociamos y la creación de valor es fundamental un comportamiento mimético puede determinar la consecución de los objetivos.

En este sentido, Maddux, Mullen y Galinsky diseñaron dos experimentos con los que sugieren que los negociadores que imitan crean más valor que aquellos que no lo hacen debido a que, presumiblemente, la imitación lleva a incrementar la cooperación e intercambio de información que, como resultado, facilita la creación de valor en una negociación.

Dado que construir confianza e intercambiar información incrementa en gran medida la probabilidad de alcanzar un resultado valioso para todas las partes, los resultados de la investigación demuestran que la imitación puede ser una herramienta altamente efectiva en una negociación.

 

Para saber más:
Chartrand, T. L., and Bargh, J. A. (1999). The chameleon effect: the perception– behavior link and social interaction. J. Pers. Soc. Psychol. 76, 893–910.
Iacoboni M. Las neuronas espejo. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Editorial Katz; 2010.
Lakin J. L., Jefferis V. E., Cheng C. M., Chartrand T. L. The Chameleon Effect As Social Glue: Evidence For The Evolutionary Significance Of Nonconscious Mimicry. Journal of Nonverbal Behavior 27(3). Fall 2003 Human Sciences Press, Inc.
Maddux W. W., Mullen E., Galinsky A. D.. Chameleons bake bigger pies and take bigger pieces: Strategic behavioral mimicry facilitates negotiation outcomes. Journal of Experimental Social Psychology. Volume 44, Issue 2, March 2008, Pages 461–468.
Rehberger, C. (2014) "Examining the Relationships between Empathy, Mood, and Facial Mimicry," DePaul Discoveries: Vol. 3: Iss. 1, Article 5.
Seibt B., Mühlberger A., Likowski K.U. ,Weyers P. (2015) Facial mimicry in its social setting. Front. Psychol. 6:1122.

Leer 9067 veces Modificado por última vez en Miércoles, 14 Octubre 2015 10:42
Ignacio Martinez Mayoral

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Responsable de The Negotiation Club.
Facilitador, formador, mediador.

Sitio Web: www.the-n-club.com
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