Lunes, 14 Octubre 2019 14:59

La señal del exceso de confianza

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Casi todas las semanas, al menos uno o dos días de cada semana, circulo por una carretera en la que se suceden en mi recorrido diversos puntos conflictivos donde periódicamente tienen lugar accidentes entre vehículos, normalmente poco importantes. La carretera posee un buen firme, visibilidad suficiente y un ancho que acomoda sin problemas la conducción de los coches. También está profusamente señalizada. Y sin embargo, no hay mes en el que, en un tramo de menos de un kilómetro, no vea a desafortunados conductores rellenando el parte amistoso de accidentes. 

El principal foco de accidentes se concentra en varias incorporaciones a la vía con la señalización que otorga preferencia al vehículo que circula por la carretera principal. Pero esto no es óbice para que los accidentes se repitan normalmente por exceso de confianza de uno o ambos conductores.

Seguro que, si conduce habitualmente, le resulta familiar la escena. Usted circula plácidamente a una velocidad moderada prestando atención a todas las variables de la carretera cuando detecta una señal que le indica que se aproxima a una incorporación de vehículos. No hay problema, se dice, yo tengo prioridad en caso de que otro conductor o conductora quiera seguir mi misma ruta. Efectivamente, cuando casi alcanza el punto de incorporación comprueba que otro vehículo está tomando velocidad para incorporarse. No hay problema, sigue en su diálogo interior, seguro que me ha visto y esperará a que yo pase antes de incorporarse. Sin embargo, las dudas empiezan a asomar al ver que el otro conductor no parece aminorar la marcha. ¿Debería pisar o levantar el pie del acelerador?

Pongámonos en el piel del otro conductor o conductora. Probablemente es consciente de que no tiene la prioridad en caso de que otros vehículos se encuentren a la misma altura de la marcha y que les debería dejar pasar para incorporarse por detrás de ellos. Pero, seguramente también le es familiar la escena en la que usted es el conductor de este vehículo y sopesa la distancia a la que se encuentra el otro vehículo calculando si con la aceleración que lleva o incrementándola puede pasar por delante sin causar incomodidad o peligro. También, en todo caso, piensa que si decide pisar a fondo e incorporarse por delante del otro vehículo, su conductor levantará el pie del acelerador siguiendo una norma no escrita.

E, inevitablemente, el exceso de confianza provoca el accidente. Por un lado, uno confía en una señal que le otorga legitimidad y, por otro, el otro confía en una norma compartida de forma oficiosa. Y, ambos, ante la confianza que le conceden sus argumentos deciden pisar el pie sobre el acelerador dirigiéndose hacia el encontronazo.

La confianza es la palabra más repetida cuando nos encontramos ante un conflicto. Y casi siempre se hace mención al concepto cuando percibimos que escasea entre quienes se encuentran ante el problema que desean resolver. Pero el caso anterior nos recuerda que la confianza también puede encontrarse en exceso cuando se refiere a los criterios que utilizamos para valorar una situación. Recordemos que nos encontramos ante un conflicto, más allá de lo que se discute, cuando se da una relación de interdependencia, en mayor o menor medida dependemos de lo que la otra parte haga o deje de hacer y viceversa. Para resolver la controversia necesitamos que ambos mostremos nuestra intención de cooperar para buscar una solución satisfactoria. Y, en tercer lugar, para que esa cooperación sea posible es necesario un nivel mínimo de confianza mutua que nos anime a emprender acciones de colaboración. Un nivel suficiente en lo personal pero no excesivo en las normas que seguiremos. Confiemos en que podemos entendernos pero desconfiemos en que la forma de hacerlo está basada en exclusiva en nuestros criterios.

Como en la carretera, en situaciones de conflicto, a veces, conviene levantar el pie del acelerador para no llevarnos un susto.

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Ignacio Martínez Mayoral

Editor en The Negotiation Club y facilitador en divergentia::la oportunidad en la diferencia

www.divergentia.es

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